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ME APUNTO

Mi recuerdo

 

 

 

 

Fue el móvil el que me despertó. Eran las nueve de la mañana. Mi hermana al otro lado del teléfono:
--¿Dónde estás?

-- En el piso. Estaba durmiendo ¿Por qué?

-- ¿No fuiste a clase?¿No te has enterado de nada?

-- Si me acabo de despertar, ¿de qué me voy a enterar?

-- Hubo un atentado en Madrid en un tren. Al parecer hay como 6 muertos.

--¿Qué? ¿Dónde?

-- Lo están dando por la tele.

--Voy a verlo. 

Ahora que me doy cuenta es verdad que no hacen sino sonar ambulancias y helicópteros. Después de ir al baño enciendo la tele y me preparo para desayunar. Y sí efectivamente entre el caos y la confusión, todavía no se sabe muy bien qué ha ocurrido. Bombas en un tren. Al parecer todo sucedió en Atocha: 7 bombas en dos trenes. En ese momento se me pasa por la cabeza “Menos mal que había huelga”. Ahora llamo a Rayco que vive en el catorce de la misma calle y le pregunto cómo está y que si se había enterado, al parecer le ocurrió lo mismo que a mí y lo despertaron igual. Habíamos decidido ir a comer a su casa y así recibir las llamadas, que intuíamos que iban a ser muchas, de los conocidos y amigos de Icod, en su piso. Poco a poco nos fuimos enterando de lo que estaba pasando y del número de víctimas. Aquello no era normal, en ese momento te das cuenta que puede pasarle a cualquiera. Hacía justamente 4 días habíamos tomado el mismo tren para hacer algo de turismo por Madrid y visitar Alcalá de Henares y para el día de las elecciones, es decir, domingo 14 de marzo, teníamos pensado (lo hicimos) ir a Aranjuez. Cuando pasamos montados en un tren, al lado del esqueleto de aquello que hace unos días también era tren transportando gente, la imagen era dantesca. Se podía oler a quemado aún. El silencio de todos los que íbamos dentro era sepulcral. Pasar por aquella columna de atocha y ver cientos o miles de velas y cientos o miles de flores hacía que se respirara en el ambiente algo que a lo único que invitaba era a permanecer en silencio.  Más ambulancias y más helicópteros. Horror y angustia se podía observar en cualquier momento. La ciudad estaba parada, colapsada. El caso es que no se sabía quien fue aunque todo hacía sospechar que fuera ETA. Será la costumbre. Nosotros en el piso incluso llegamos a pensar cuál era el plan y que las bombas llegaron a estallar antes de tiempo.   

El viernes 12, cuando te levantas, piensas decididamente que hay que ir a la manifestación. Por ahora todos tus amigos de Madrid, compañeros de piso y compañeros de clase estaban bien. Todos salvo uno. En nuestra facultad, Químicas, había muerto un compañero. Tanto el Messenger como el teléfono no pararon esos dos días. Desde Madrid la cosa se vivía de otra forma. En las calles la gente iba muy callada y en los días posteriores también. Si tomabas el metro o un tren, la gente sólo miraba al suelo con la mirada perdida pero gacha y abría más los ojos como pensando en su interior lo mismo que todo el mundo estaba pensando en ese momento.

Por la tarde de ese 12 de marzo ya habíamos quedado. Vivíamos en Avenida de América, así que lo más normal era acercarnos a Diego de León y tomar la línea 4 de metro para ir a Colón, plaza donde daría comienzo la manifestación. Cuando llegamos al andén vimos muchísima gente. Demasiada. Los trenes venían llenísimos no cabía nadie más. Cuando paraba y abría sus puertas nadie se bajaba. Tampoco nadie podía subir. Hasta cámaras de televisión. Decidimos salir de nuevo a la calle y ponernos en marcha, aunque amenazara lluvia, caminando; total sólo eran 30 minutos. Pero había que estar. Cada vez más  gente. Cada vez éramos más en la aceras y todo el mundo caminando en la misma dirección. Ahora ya no sólo por las aceras sino por la calle y veíamos como al final, acostumbrados a ver mucha gente caminando por las calles y cada uno a su destino, esta vez nos dimos cuenta que todos íbamos al mismo. Finalmente llegamos, no exactamente a Colón pero muy cerca quizá a doscientos metros justo a la bocacalle que da a la calle Génova. Estábamos debajo del balcón de la sede del PP. Justo un día antes de que se reunieran muchas personas, pero menos que el viernes, a llamar mentirosos a los que sin duda se portaron como tal.

Allí y por medio de los teléfonos coincidimos nosotros  con Vicky, también tinerfeña de La Laguna pero de madre icodense y así decidimos ponernos en marcha camino a Colón. Pero había mucha gente. No avanzábamos. No se podía. Cada vez éramos más y uno que nunca había ido a ninguna manifestación de este tipo, esa vez  se dio cuenta del poder de la gente. Llovía y cada vez más gritos y cada vez más gente. 

“¡¡¡EN ESE TREN  ÍBAMOS TODOS!!!”

 Cuando terminó la manifestación nosotros habíamos llegado a Colón, justo donde  había comenzado pero no nos dio tiempo de hacer más. No se podía. Ahora que la gente ya se estaba dispersando nosotros seguimos caminando hasta llegar  a Cibeles. 

Lo demás ya lo contaré...

Recomiendo:

La Explosión

Viernes 12

Manifestación

De Madrid al Cielo

Víctimas

 

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